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Mi solidaridad, reflejo de mi amistad con Dios

 

Valor del Mes: La solidaridad, signo de esperanza

Lema del Mes: «No nos cansemos de hacer el bien» (Gal. 6, 9) 

 

La solidaridad es nuestro reflejo de cómo amamos a Dios/ Imagen generada por IA


Objetivo: Transmitir a los jóvenes de Pastoral Juvenil la razón por la que ser solidarios con los demás es un reflejo de una relación cercana con Dios.

Preámbulo:

¿Tu oración te acerca a Dios? ¿Eres alguien dispuesto a encontrarse cada día con Él? ¿Vives esa amistad que dices tener? ¿Cómo lo reflejas? La manera de reflejar que amamos a Dios es transmitiendo ese amor a los demás por medio de la solidaridad, ¿lo haces?

Hoy veremos ese reflejo de la amistad con Dios a través de una enseñanza sobre la solidaridad. ¡Prepara tu corazón para que el Señor encienda ese fuego en ti!


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Oración inicial

Señor Jesús, rostro joven de la misericordia del Padre Celestial, en este día te doy gracias porque me permites conocer de tu accionar en mi vida.

Te doy gracias, porque en tu bondad infinita me permites compartir con mis hermanos de Pastoral Juvenil la experiencia de encontrarme cara a cara contigo a través de la oración.

Te pido con todo mi ser que enciendas en mi alma una llama de esperanza, para encender con mi testimonio la fe de todos los jóvenes que entren en contacto conmigo y con mis hermanos de comunidad.

Pon en mi corazón tu amor, para que yo pueda ser siempre signo de solidaridad, amor, fe y esperanza en la vida de los demás.

Amén



Introducción

Chicos, la solidaridad es un reflejo de nuestra amistad con Dios. Punto. Mostramos nuestro amor a Dios en la medida en que somos cercanos con el que está pasando una situación de necesidad. Cuando respetamos la dignidad del otro y valoramos su integridad. Todo aquello que hagamos fuera de ahí puede provocar que, construyamos un muro que nos separe de Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica lo expresa de una manera sublime en su numeral 1939 cuando enseña que: «El principio de solidaridad, expresado también con el nombre de “amistad” o “caridad social”, es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana» (CIC, 1939.). Hoy conversaremos sobre esta virtud.

Preguntas para la reflexión

¿Qué entiendes tú por solidaridad?

¿Qué me dice a mí personalmente lo que expresa la Iglesia sobre que la «solidaridad o caridad social» es amistad con Dios?

¿He ayudado yo o mi comunidad de Pastoral Juvenil a algún necesitado? Si la respuesta es no, ¿estaríamos dispuestos a hacerlo?

Ahora sigamos reflexionando

Había una vez… —Así empezaban los cuentos para trasladarnos hacia un mundo de fantasía—, sin embargo, esta vez quiero transportarlos a la realidad, por medio de una historia que he titulado: «Te doy mi amistad».

Relato: «TE DOY MI AMISTAD, SEÑOR»

Todos los días, cada mañana Fulanito iba al Santísimo. Así se lo había enseñado su abuela. Después se iba directo al trabajo, montado en el transporte público de Licey. En ocasiones se iba parado en la puerta, para que la mayor cantidad de personas pudieran llegar a tiempo al trabajo. Otras, cedía el asiento cada vez que veía a alguna persona mayor esperando.

Un joven chofer del transporte público, que lo veía todos los días repitiendo esa acción se cuestionaba el por qué hacía eso.

Un domingo, Fulanito iba caminando, frente a la Iglesia y el chofer que no estaba trabajando, al verlo a pie, se detuvo y le preguntó hacía donde iba, Fulanito le indicó que a casa de su abuela. El chofer le ofreció llevarlo. Cuando iban de camino el conductor curioso le preguntó:

   Te veo todos los días parado en la puerta de las guaguas o cediendo tu asiento, ¿por qué lo haces?

Él lo miró a los ojos y le dijo:

   Es mi manera de agradecerle a Dios su amistad.

El chofer abrió los ojos con gran sorpresa. Lo miró fijamente lleno de dudas y no supo qué decir. Fulanito, al ver su reacción, le dijo.

   Cuando ayudamos a los otros, ya sea dándole de lo que tenemos u ofreciendo un servicio, somos solidarios y esa es una manera de decirle a Dios: «Señor te amo sobre todas las cosas, por eso amo a mi prójimo y le ofrezco mi servicio». Es una forma de expresarle, con acciones a Dios:  «sirviéndote en las necesidades del otro te doy mi amistad, Señor».

El chofer, tocó el hombro de Fulanito y le preguntó:

   ¿Y cómo puedo establecer yo una amistad sincera con Dios?

Fulanito, lo miró con cariño y le dijo con gran alegría:

   Existen muchas maneras, pero mi abuela y la Pastoral Juvenil me enseñaron dos cosas que se pueden hacer. Tú, hoy, ya hiciste la primera al darme una bola. Ayudaste a alguien sin esperar nada a cambio. La segunda, es la oración. Ora siempre. Así podrás establecer y fortalecer tu amistad con Dios.

Al oír estas palabras el joven conductor del transporte público sintió algo que pocas veces había sentido: Paz. Fulanito se quedó en casa de su abuela y el joven chofer siguió su camino, pensando en qué podía hacer para fortalecer su amistad con Dios.

Fin.

Reflexionando sobre el relato

¿Cuándo lees o escuchas el título: «TE DOY MI AMISTAD, SEÑOR» qué es lo primero que te llega a la mente?

¿De qué trata el relato?

¿Qué opinas sobre los personajes?

¿Por qué es importante reflejar nuestra amistad con Dios a través de la solidaridad?

¿Cómo puedes tú vivir la solidaridad en tu día a día?

A modo de conclusión

Nuestra amistad con Dios se afianza en dos grandes pilares: La oración y la solidaridad. Estas son las dos caras de una misma moneda.

Nos hacemos más amigos del Señor cuando oramos con fe, pero también cuando vivimos con un corazón dispuesto a ayudar al otro, según nuestras posibilidades y en medio de nuestra realidad.

Ahora, reflexionemos con una canción lleva por título: cuando el pobre nada tiene.

Oración final

Amado Dios, tú que, por solidaridad con el ser humano, asumiste nuestra fragilidad para llenarnos de fortaleza, a ti acudimos hoy, en confianza y con la certeza de que eres tú nuestro consuelo, para pedirte que nos des un corazón semejante al tuyo.

Ayúdanos a ser solidarios todas las veces que podamos. Danos la capacidad de ser misericordiosos con quienes necesitan recibir misericordia y ser instrumento de tu paz con aquellos que no encuentran tranquilidad, consuelo o sosiego.

Llénanos de ti, hoy y siempre, para que podamos ser signos de tu amor en la vida de todos los que nos rodean.

Amén

 


 

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