PARROQUIA
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, LICEY AL MEDIO
Comisión Parroquial de Pastoral Juvenil, Jóvenes Llamas de Esperanza
Valor del mes: La Identidad
Lema del mes: «Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Jn 8, 32)
![]() |
| Viviendo la fe unidos en Cuaresma |
Objetivo: Presentar a los integrantes de las comunidades de Pastoral Juvenil una serie de orientaciones sobre las principales vivencias de la Cuaresma y cómo pueden conducirnos a un encuentro más profundo con Dios, con nosotros mismos y con los demás.
Preámbulo
Chicos, ya hemos iniciado juntos, como hermanos, el recorrido cuaresmal. Este caminar en la fe nos conduce a celebrar con alegría la Resurrección de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
Cada día de esta cuarentena de reflexión, penitencia y oración puede elevar nuestro espíritu para crecer como individuos y para fortalecer nuestro vínculo comunitario.
Pero ¿qué podemos hacer específicamente para este crecimiento? Aquí, en este material pondremos sobre la mesa una serie de orientaciones sobre cómo podemos vivir la Cuaresma en comunidad.
Oración inicial
1
Amo al Señor, porque él escucha
el
clamor de mi súplica,
2
porque inclina su oído hacia mí,
cuando yo lo invoco.
3
Los lazos de la muerte me envolvieron,
me
alcanzaron las redes del Abismo,
caí
en la angustia y la tristeza;
4
entonces invoqué al Señor:
"¡Por favor, sálvame la vida!".
5
El Señor es justo y bondadoso,
nuestro
Dios es compasivo;
6
el Señor protege a los sencillos:
yo estaba en la miseria y me salvó.
7
Alma mía, recobra la calma,
porque el Señor ha sido bueno contigo.
8
Él libró mi vida de la muerte,
mis ojos de las lágrimas y mis pies de la caída.
9
Yo caminaré en la presencia del Señor,
en
la tierra de los vivientes.
Gloria
al Padre…
Introducción
La Cuaresma es nuestro caminar —como Pueblo de Dios que peregrina en medio del mundo— al encuentro con Cristo resucitado.
Pero ¿qué hacemos como miembros de la Iglesia para recorrer este camino de fe, gracia y conversión? La Iglesia, que es una «madre y maestra» sabia y amorosa nos propone una serie de acciones que nos pueden ayudar a vivir este recorrido.
Hoy veremos estos elementos que refuerzan y fortalecen nuestra identidad de hijos muy amados de Dios que camina con entusiasmo a la Pascua.
Meditemos
en las siguientes preguntas, antes de profundizar en las orientaciones. Al
tiempo de escuchar la siguiente canción:
Caminaré en presencial del Señor
Preguntas de reflexión
¿Cuándo
escuchas la palabra Cuaresma qué es lo primero que te llega a la mente?
De
todas las prácticas cuaresmales, ¿cuál
es la que más te llama la
atención?
Si tuvieras que hacer una práctica cuaresmal diaria, durante toda tu vida, ¿cuál sería y por qué?
¿Qué hacemos los católicos en Cuaresma? El sentido de las prácticas de justicia
· El ayuno y la abstinencia: En la Cuaresma los católicos no hacemos ayuno
intermitente para bajar de peso (aunque puede servir), hacemos ayuno para
desapegarnos de cosas que son agradables.
En el contexto de la fe, este ayuno y la
abstinencia de la carne nos sirven para forjar el dominio propio y desarrollar
la autoconciencia.
Si podemos
resistir a una necesidad física y postergar el alimento necesario, podemos
fortalecernos y controlar nuestros impulsos cuando lleguen otras tentaciones
que sí pueden hacernos daño. Como la obsesión por las cosas materiales, la
banalidad o los deseos pasajeros. Puede ayudarnos a superar el chisme, la
murmuración o la crítica.
Ayunar puede ayudarnos a controlar nuestra ira, a
moldear nuestra conducta y a resguardar nuestro corazón de aquellas cosas que
sí pueden dañarnos como el odio, la arrogancia o el orgullo desmedido.
· La oración personal y comunitaria: La cuaresma es el tiempo propicio para fortalecer
nuestra oración personal y «entrar a nuestra aposento» (Mt. 6, 6).
Este orar haciendo introspección (entrando a lo más
profundo de nuestro ser) nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos y con
Dios. Este tiempo de Cuaresma nos da una pauta hermosa y valiosa para
acrecentar nuestra vida de oración.
Pues, la Cuaresma, nos invita a ver nuestra
realidad con ojo crítico pero desde la misericordia, ¡y esto, queridos chicos,
es hermoso! ¿Ver en qué fallamos y encontrar en la oración cómo remediarlo? Es
una bendición.
¿Y la oración comunitaria? Las celebraciones litúrgicas de estos días nos motivan
a vencer el individualismo y a unirnos en la fe. Nos ponemos juntos la cenizas
que nos recuerda nuestro origen: ¡Somos polvo!, pero la liturgia también nos
recuerda nuestra identidad: ¡En el bautismo somos hijos amados!
Participamos de los viacrucis que nos
permiten caminar juntos el recorrido de Cristo a su entrega en la cruz por
nosotros. Pero, además, podemos interiorizar en comunidad sobre la realidad de
nuestros pecados en los actos penitenciales y acudir al sacramento de la
Confesión.
· La limosna (dar y darse): En Cuaresma tenemos la oportunidad de ser
solidarios. Dios nos regala la oportunidad de cumplir con la invitación que nos
hace Jesús a través del evangelio de Lucas 6, 36: «Sean misericordiosos como su
Padre es misericordioso». ¿Y cómo somos misericordiosos? Pues ¡Cuando hacemos
obras de misericordia!
Vamos a ver ahora, cuáles son las obras de
misericordia y analicemos juntos cómo podemos realizarlas.
A la luz de la Palabra
Lectura del evangelio de san Mateo 25, 31-46
Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.
Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme."
Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?" Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis." Entonces dirá también a los de su izquierda:
"Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis."
Entonces dirán también éstos: "Señor, ¿cuándo
te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel,
y no te asistimos?" Y Él entonces les responderá: "En verdad os digo
que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo
dejasteis de hacerlo." E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a
una vida eterna.
Palabra del Señor
Reflexionemos sobre lo leído
Los hambrientos de pan y paz podemos encontrarlos en cualquier calle de nuestro
pueblo, de nuestro barrio. O en cualquier pasillo de nuestro liceo, politécnico
o escuela.
¿Qué puedes hacer tú por ellos? ¿Qué puedes hacer tú en Cuaresma por quienes no tienen el pan que alimenta, pero tampoco el pan del conocimiento ni mucho menos el pan de la paz?
Los sedientos de agua lo podemos encontrar en cualquier cancha cuando jugamos basketball o en cualquier gym y nos da lo mismo, pues entendemos que esa sed es voluntaria.
Pero ¿y con esa doñita que no tiene para comprar una botellita de agua y yo noto su precariedad pero no soy capaz de desprenderme de 10 pesos para ayudarla? ¿O ese anciano que tiene sed de ser escuchado y no encuentra con quién conversar?
Jesús habla de los forasteros, los que vienen de otros lugares. Él, que junto a sus padres fue forastero en Egipto nos pide mirar con justicia a los migrantes. ¿Tenemos misericordia?
Vemos al harapiento que no tiene qué más ponerse por las calles y lo condenamos: «¡Tiene vicios y puede ser peligroso!»
Quizás no nos atrevemos a ayudarlo con una ropa, por seguridad, pero, tampoco ofrecemos la ropa que se nos está pudriendo en el closet por falta de uso. ¿Y si lo damos a Caritas o a la Pastoral Social? ¿Y si nos damos a nosotros un tiempo para ser solidarios con quienes no tienen nada?
¿Qué otra desnudez estamos llamados a cubrir? ¿La que quita la dignidad por el exhibicionismo en las redes sociales? ¿La que denigra a la mujer por conseguir unos likes?
Seamos conscientes que todo este desenfreno y promiscuidad tarde o temprano termina deteriorando nuestra integridad. Tanto de quien se muestra sin pudor como de quien lo consume solo para satisfacer estos deseos.
Estamos llamados a ver en el enfermo el rostro sufriente de Cristo. Esto no es solo una frase bonita o edificante, es un llamado a la acción para nosotros, jóvenes católicos de hoy.
La misericordia con el enfermo puede servirnos como recordatorio de nuestra propia fragilidad. Ver en el dolor físico del otro un reflejo de lo que padeció Jesús en la cruz nos ayuda a formar en nuestros corazones un sentimiento de solidaridad y una disposición a salir a su encuentro.
¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a ayudar a un enfermo? ¿A cooperar con alguien que padece? ¿A apiadarte de alguien que sufre en su físico el peso de una enfermedad? La Cuaresma es para dar y darnos, ¿por qué no le das tu tiempo a un enfermo?
Cuando pensamos en los presos nos ubicamos inmediatamente en las personas que han cometido injusticias. Pero, vayamos un paso más allá, ¿y esos prisioneros en el rencor no merecen misericordia? ¿Y si lo que estamos presos en el odio somos nosotros, no querríamos salir de esa prisión?
Actividad práctica
Ahora, abriremos en nuestros celulares el block de notas y escribiremos qué práctica de justicia necesitas tú de manera personal realizar en tu vida. Luego, meditando nuevamente en las obras de misericordia escribirás una carta para ti mismo sobre qué obra de misericordia piensas que puedes hacer durante esta Cuaresma.
Recapitulemos
La Cuaresma es un tiempo de encuentro personal y comunitario con Dios. En este tiempo, la Iglesia madre y maestra nos orienta sobre cómo debemos practicar la justicia y nos enseña a realizar obras de misericordia.
Oración final
Amado Jesús, hoy te doy gracias por todo tu amor,
tu bondad y tu piedad.
Te agradezco porque hoy me diste la gracia de meditar sobre la justicia y cómo debo, desde mi realidad, practicar la misericordia.
Ayúdame hoy a ser un mejor cristiano. A vivir con
más profundidad mi fe y hacer presente tu reino en medio del mundo.
Amén

Comentarios
Publicar un comentario