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¿QUIÉN SOY? EL JOVEN CRISTIANO CONSCIENTE DE SU IDENTIDAD DE HIJO DE DIOS

 

PARROQUIA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, LICEY AL MEDIO

Comisión Parroquial de Pastoral Juvenil, Jóvenes Llamas de Esperanza

 



 

Valor del mes: La Identidad

Lema del mes: «Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Jn 8, 32)

 

 

¿QUIÉN SOY?

EL JOVEN CRISTIANO CONSCIENTE DE SU IDENTIDAD DE HIJO DE DIOS

 

 

Nuestra dignidad brota de nuestra identidad de hijos de Dios

Objetivo: Conducir a los jóvenes a interiorizar sobre su identidad como hijos muy amados de Dios, gracias a su condición de bautizados. Impulsándolos tanto de manera personal como comunitaria a ser luz en su hogar, en la sociedad y dentro de la Iglesia.

Preámbulo

Todos los seres humanos tenemos una dignidad irrefutable, es decir, que nadie puede negar. Una dignidad que no nos la otorgan lo que tenemos o lo que somos. Sino que proviene de nuestro origen. Esto es: «Ser hijos muy amados de Dios». Ahí radica nuestra mayor dignidad y lo que impulsa nuestra identidad.

Hoy tú, en comunidad, descubrirás tu dignidad. Pero primero, ¡oremos!

Oración inicial

Salmo 139 1-18 (Lectura pausada del texto)

Señor, tú me sondeas y me conoces,

2 tú sabes si me siento o me levanto;

de lejos percibes lo que pienso,

3 te das cuenta si camino o si descanso,

y todos mis pasos te son familiares.

4 Antes que la palabra esté en mi lengua,

tú, Señor, la conoces plenamente;

5 me rodeas por detrás y por delante

y tienes puesta tu mano sobre mí;

6 una ciencia tan admirable me sobrepasa:

es tan alta que no puedo alcanzarla.

7 ¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu?

¿A dónde huiré de tu presencia?

8 Si subo al cielo, allí estás tú;

si me tiendo en el Abismo, estás presente.

9 Si tomara las alas de la aurora

y fuera a habitar en los confines del mar,

10 también allí me llevaría tu mano

y me sostendría tu derecha.

11 Si dijera: "¡Que me cubran las tinieblas

y la luz sea como la noche a mi alrededor!",

12 las tinieblas no serían oscuras para ti

y la noche sería clara como el día.

13 Tú creaste mis entrañas,

me plasmaste en el seno de mi madre:

14 te doy gracias porque fui formado

de manera tan admirable.

¡Qué maravillosas son tus obras!

Tú conocías hasta el fondo de mi alma

15 y nada de mi ser se te ocultaba,

cuando yo era formado en lo secreto,

cuando era tejido en lo profundo de la tierra.

16 Tus ojos ya veían mis acciones,

todas ellas estaban en tu Libro;

mis días estaban escritos y señalados,

antes que uno solo de ellos existiera.

17 ¡Qué difíciles son para mí tus designios!

¡Y qué inmenso, Dios mío, es el conjunto de ellos!

18 Si me pongo a contarlos, son más que la arena;

y si terminara de hacerlo,

aún entonces seguiría a tu lado.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

R/ Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén

Introducción

¿Quién eres? Esta pregunta existencial es fundamental a tu edad. Para poder «ser alguien en la vida» primero tienes que saber contestar a esto. ¡Piénsalo!

Desde la óptica de la fe, desde tu realidad como cristiano, católico, bautizado, que nació en una familia dominicana y que vive en Licey, tú eres un hijo muy amado de Dios. Esa es tu identidad. ¿Lo crees así? Si no, vamos a meditar al respecto y desmenucemos el título del tema: «¿Quién soy? El joven cristiano consciente de su identidad de hijo de Dios».

Preguntas para la reflexión

¿Estoy consciente de quién soy en todos los aspectos de mi existencia?

¿Lo que soy como hijo de Dios se corresponde a mi comportamiento en la sociedad?

¿Respeto yo, que soy un hijo amado de Dios a sus otros hijos a quienes él también ama?

¿Respeto yo mi dignidad como persona y actúo con los demás conforme a esa dignidad?

Actividad de reflexión

¿Quién soy? Mi dignidad desde la óptica del Salmo 8

 

Leyendo desde la Biblia el Salmo 8 identificaras qué dice el texto sobre tu dignidad como persona. Sobre quién eres y por qué Dios te ama tanto.

Salmo 8 LA GRANDEZA DE DIOS Y LA DIGNIDAD DEL HOMBRE

2 ¡Señor, nuestro Dios,

qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

Quiero adorar tu majestad sobre el cielo:

3 con la alabanza de los niños

y de los más pequeños,

erigiste una fortaleza contra tus adversarios

para reprimir al enemigo y al rebelde.

4 Al ver el cielo, obra de tus manos,

la luna y la estrellas que has creado:

5 ¿qué es el hombre para que pienses en él,

el ser humano para que lo cuides?

6 Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y esplendor;

7 le diste dominio sobre la obra de tus manos,

todo lo pusiste bajo sus pies:

8 todos los rebaños y ganados,

y hasta los animales salvajes;

9 las aves del cielo, los peces del mar

y cuanto surca los senderos de las aguas.

10 ¡Señor, nuestro Dios,

qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

 

¿Y cómo obtengo mi dignidad de hijo de Dios?

 

Ahora, chicos, un poquito de catequesis. Gracias al Bautismo recibimos la gracia de ser hijos de Dios. Esta verdad de fe, revelada en las Sagradas Escrituras en la segunda carta del apóstol Pablo a los Corintios (2 Cor 5, 17) nos instruye que, por el bautismo, nos convertimos en nuevas criaturas.

Enseña el Catecismo de la Iglesia Católica en su numeral 1213 que:


El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu ("vitae spiritualis ianua") y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión.

 

¿Qué significa esto? Que a partir de nuestro bautismo:

·       Dios nos concede la gracia de ser sus hijos.

·        Nos hace parte de la Iglesia y participes de los demás sacramentos.

·       Somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios.

·       Nos hacemos miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia y:

·       Obtenemos la gracia de participar en su misión.

 

¿Qué quiere decir esto? Que tu dignidad no te la otorga:

·       El celular que utilizas, pues es un instrumento, ¿quieres que tu celular te haga trascendente? Comunica a través de él tu dignidad de hijo de Dios.

·       La cantidad de seguidores que tienes en tus redes sociales. ¿Quieres influir? Hazlo positivamente. Sé ejemplo de valores, constancia, autocontrol y autorrespeto. Instagram puede estar llenos de indolentes e irreverentes. Sé tú quien se conduela de los demás.

·       Los podcast que escuchas o en los canales de YouTube que te suscribes para ver chismes. Tus ojos son parte del cuerpo de Cristo, que vean lo que te santifica, tus labios son parte del cuerpo de Cristo, que proclamen a su Señor.

 

Actividad de integración

·       Se dividirán en dos grupos.

·       Se colocarán dos sillas de frente.

·       Los participantes tomarán de una canasta un papelito que dirá una virtud, cualidad o aspecto positivo del hermano de comunidad.

·       El del frente deberá decir qué refleja su hermano en la fe de ese aspecto y el otro deberá decir qué desea cambiar para poder vivir más acorde a eso que indica el papel.


Recapitulemos

Si pudieras responder ahora «¿quién eres?» ¿Qué dirías?

 

Hoy te hemos hablado de tu dignidad. Tú identidad propia, con la que fuiste creado por Dios, es la de una criatura muy amada por su Creador. Que, al ser bautizado se integró al Cuerpo de Cristo y obtuvo la dignidad de ser hijo muy amado de Dios. Esta gracia te impulsa a vivir conforme a esa dignidad. A ser signo de unidad y santidad en medio de la sociedad de hoy, que vive la desunión. Sin embargo, hoy, al conocer tu dignidad, Dios mismo te llama a respetarte y a respetar a los demás.

La exhortación es clara: ¡Eres hijo amado de Dios, muéstrale al mundo cómo un joven de fe vive esa gracia!

 

Oración final

Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu Reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

Amén

 

 

 

 

 

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