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¡SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR! Taller De Oración Comunitaria MÓDULO 5: LA ORACIÓN DE ALABANZA

 

PARROQUIA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, LICEY AL MEDIO

Comisión Parroquial de Pastoral Juvenil, Jóvenes Llamas de Esperanza


Valor del Mes: Paternidad Divina

Lema del Mes: «PADRE NUESTRO» (Mt 6,9)


Con la oración de alabanza reconocemos la grandeza de Dios


MÓDULO 5: LA ORACIÓN DE ALABANZA

Objetivo: Instruir a las comunidades de Pastoral Juvenil en la profundidad de la oración de alabanza, tanto en la vida personal como en las acciones comunitarias, a la luz del Catecismo de la Iglesia Católica.

Preámbulo

Llegamos a la recta final de nuestro taller de oración comunitaria: ¡Señor enséñanos a orar! Con nuestro quinto módulo en el que nos enfocamos en la Oración de Alabanza.

Y para concluir como Dios manda este espacio de formación debemos alabar «el Nombre que está por encima de todo nombre», (Filipenses 2, 9) el nombre de Jesús.

En la oración de alabanza —según nos instruye el Catecismo de la Iglesia Católica en su numeral 2639— es «la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios».

Hoy encenderemos nuestros corazones de la presencia de Dios a través de la alabanza. Pero antes, veamos qué hemos aprendido en los encuentros anteriores.

Hagamos un repaso de lo vivido hasta hoy

Cuando el Señor nos comenzó a enseñar a orar nos instruyó que el Catecismo nos muestra cinco tipos diferentes de oración, ¿cuáles son esos tipos de oración?

Cuando bendices y adoras a Dios, ¿qué ocurre en tu alma? ¿Te encuentras con el Señor? ¿Es tu respuesta a sus dones?

¿Qué significa para ti pedir al Señor? ¿Qué entiendes sobre la expresión «pedir el Reino de Dios»?

 ¿Qué experimenta tu alma cuando eres capaz de pedir por el bien del otro? ¿Cómo se asocia la misericordia de Dios a nuestra oración de intercesión en favor de los demás?

¿Por qué das gracias hoy?

 

Oración inicial

Salmo 146

¡Aleluya!
¡Alaba al Señor, alma mía!

Alabaré al Señor toda mi vida;
mientras yo exista, cantaré al Señor.

No confíen en los poderosos,
en simples mortales, que no pueden salvar:
cuando expiran, vuelven al polvo,
y entonces se esfuman sus proyectos.

Feliz el que se apoya en el Dios de Jacob
y pone su esperanza en el Señor, su Dios:
él hizo el cielo y la tierra,
el mar y todo lo que hay en ellos.

Él mantiene su fidelidad para siempre,
hace justicia a los oprimidos
y da pan a los hambrientos.

El Señor libera a los cautivos,
abre los ojos de los ciegos
y endereza a los que están encorvados.

El Señor protege a los extranjeros
y sustenta al huérfano y a la viuda;
el Señor ama a los justos
y entorpece el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,
reina tu Dios, Sión,
a lo largo de las generaciones.

Gloria al Padre…

Al concluir el salmo escuchamos la siguiente canción:

Introducción

En la oración de alabanza reconocemos la infinita grandeza de Dios, «no por lo que hace, sino por lo que Él es» (CEC, 2639). En este encuentro, glorificaremos al Señor y alabaremos su nombre con fe.

A la luz de la Palabra

Recitemos el Magnificat

Lectura del santo evangelio según san Lucas (Lc. 1, 46-55)

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Palabra de Dios

Preguntas para la reflexión

¿Qué te dice a ti, personalmente, este cántico de María?

¿Qué parte del Magnificat llama más tu atención, y por qué?

Si tuvieras la oportunidad de proclamar con tu alma la grandeza del Señor, ¿qué le dirías?

Actividad práctica

Simón dice… que alabemos a Dios

Quien dirige el tema propondrá a los jóvenes jugar el juego «Simón dice que alabemos a Dios».

Cada uno de los asistentes, según lo vayan mencionando elevará una alabanza, según lo que indique el dirigente. Las propuestas de quien dirige el juego pueden ser:

·       Alaba a Dios por tu familia.

·       Alaba a Dios llamando a un amigo y diciéndole que Dios lo ama.

·       Alaba a Dios compartiendo una foto de la Pastoral en tus redes sociales.

·       Alaba a Dios cantando una canción de alabanza.

·       Alaba a Dios invitando a un miembro de la comunidad a cantar.

·       Alaba a Dios dándole un abrazo a alguien del grupo a quien nunca has abrazado.

Nota: Estas son propuestas, el joven que dirige este módulo puede proponer alternativas.

Recapitulemos

En la oración de alabanza reconocemos la grandeza de Dios. Cuando alabamos acudimos confiadamente al encuentro con Él para ofrecerle la alabanza que merece.

Cada día de nuestras vidas debemos alabar a Dios de corazón, para reconocer su amor y llenarnos de su gracia y de su paz.

Avisos

Este 28 de agosto tendremos nuestra quinta parada de la Ruta de la Sinodalidad. Nos reuniremos para alabar juntos al Señor en la capilla del Carmen, Juan Antonio Alix.

¡Allá nos vemos! ¡Qué no te lo cuenten!

Oración final

En circulo, delante del Santísimo, elevamos una alabanza al Señor por todas las bendiciones que nos ha otorgado.


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