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Nuestro amor al prójimo como reflejo de nuestro amor a Dios


Valor del mes: Misericordia
Lema del mes: «Nos das la feliz esperanza de arrepentirnos» (Sab 12, 19)



Meditando unidos la Parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:25-37)

Objetivo: Transmitir a los integrantes de Pastoral Juvenil la necesidad de vivir con sinceridad nuestra fe, amando y cuidando al prójimo para experimentar en nuestra existencia la cercanía del amor de Dios.

Preámbulo

A la pregunta del letrado a Jesús de «¿quién es mi prójimo?», nuestra respuesta debe ser siempre y de manera rotunda: «toda la humanidad». Cada individuo, los que creen en Dios y aquellos que no creen, son nuestros hermanos, pues también tienen la condición de haber sido forjados por nuestro Padre Celestial.

En el recorrido de este desierto cuaresmal debemos tener los ojos puestos en quienes transitan con nosotros el camino de la vida, los conocidos y los desconocidos. Los que nos muestran su amor y quienes están necesitados de amor.

Hoy conoceremos el amor y la misericordia de Dios, meditando en torno al amor que le damos al prójimo.

Oración Inicial

Con amor te presento Señor todo mi ser, para que en tu bondad y misericordia me llenes de ti y me concedas la gracia de ser compasivo como tú.

Al mismo tiempo te ofrezco mi vida, para que me hagas reflejo de tu amor en medio del mundo. Te suplico que me ayudes a ser reflejo de tu gracia y que por medio de la práctica de la justicia y obrando con misericordia pueda sentir en mi corazón la alegría de servirte con sinceridad en todo momento.

Amén.

Introducción

¿Sabías que la Cuaresma es una invitación a conocer mejor a Dios a través de las prácticas de justicia y de las obras de misericordia?

En otras palabras, cuando actuamos pensando en el bien que podemos realizar al prójimo conocemos mejor al Señor, que nos invita a ser justos, nos anima a ser misericordiosos y nos motiva a ser reflejos de su amor amando a los demás.

Hoy meditaremos en torno a la misericordia con nuestros hermanos por medio de la Parábola del Buen Samaritano.


Preguntas de Reflexión

¿Has escuchado la parábola del Buen Samaritano?  ¿Qué recuerdas de ella?

¿Qué acciones concretas me llevan a ser un buen samaritano con las personas de mi entorno?

¿Cómo se relacionan las obras de misericordia con las acciones del Buen Samaritano?



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Un acercamiento a San Lucas 10, 25-37 (Leer directamente de la Biblia)

Lectura del Santo evangelio según San Lucas

Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?”.

Jesús le preguntó a su vez: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”.

Él le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo”.

“Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida”.

Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”.

Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.

Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.

También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.

Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.

Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.

Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: ‘Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver’.

¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?”.

“El que tuvo compasión de él”, le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: “Ve, y procede tú de la misma manera”.

Palabra del Señor


Desmenucemos el evangelio Lucas 10, 25-37

Cuando nuestro Señor Jesucristo peregrinó por los senderos de la vida tuvo una misión: Transmitir esperanza anunciando el amor misericordioso de Dios.

A su encuentro acudían muchísimas personas, interesados en escuchar su mensaje. Hoy vemos cómo un conocedor de la ley se acercó a él para saber qué se debía hacer para lograr la vida eterna. Jesús le responde la cuestionante con dos preguntas, ¿Qué establece la ley? ¿Qué puede encontrar el experto en ella?

Este erudito le respondió con firmeza lo que indican los preceptos que regían a su pueblo: «Amar a Dios» y «Amar al prójimo».

Para salvarnos debemos amar con misericordia. Para obtener la vida eterna tenemos el deber de amar con intensidad y con todo nuestro ser a nuestro Creador, pero debemos reflejar ese amor con el amor que le damos a los demás siendo misericordiosos con ellos.

«¿Y quién es mi prójimo?»

Cuando el doctor de la ley recibió la respuesta de Jesús a su afirmación de amar a Dios, a quien entendía que conocía, y al prójimo a quien creía conocer. Pues en la mentalidad del pueblo hebrero, el prójimo sólo se trataba de los más cercanos. Por tanto, para poner a prueba las convicciones de Jesús, decidió cuestionar sobre el concepto del Maestro sobre el prójimo. Al escuchar su duda le ofreció el Señor una profunda enseñanza: ¡El prójimo es el necesitado más cercano!

¿De quiénes habla la parábola?

Para responder esta pregunta Jesús le planteó al experto de la ley judía una parábola muy interesante. Un hombre de trabajo que va desde Jerusalén hasta Jericó es asaltado por unos criminales y lo atacan hasta dejarlo al borde de la muerte.

Un servidor del Señor, un sacerdote judío, pasa por allí camino a un servicio religioso, lo ve y no se le acerca. Esto para cumplir lo que dictaminaba la ley en el libro de Levítico 21, 1, que «ningún sacerdote podía acercarse a un cadáver, pues se contaminaría».

Eso llevó al sacerdote judío a no acercarse, siguiendo de largo.

Sucedió que un levita, un doctor de la ley, como el que le preguntaba a Jesús, también cruzó por allí. Pero, por su conocimiento de la ley y de lo que prescribía el libro de Números 19, 11 que enseñaba «El que tocare cadáver de cualquier persona será inmundo siete día», le impedía acercarse.

Sin embargo, alguien que no era del pueblo hebreo, un enemigo por asuntos históricos, un samaritano, alguien que no era judío y que, por ende, era mal visto por la comunidad judía, vio al moribundo, que sí era judío, se le acercó, vio que seguía con vida y le tuvo misericordia.

¿Qué quiere decir todo esto? Que la forma más honesta de servir a Dios es siendo solidarios con los que necesitan.

El samaritano no tenía un compromiso con el moribundo, pero se sintió comprometido en salvarlo, porque ese necesitado requería ayuda. Se apiadó de él e hizo lo que tenía que hacer.

 

¿Qué significa cada acción de los personajes?


La parábola del Buen Samaritano nos pone de frente una gran verdad: ¡Nuestro servicio a Dios es incompleto si no somos capaces de ayudar a los demás!

El sacerdote del templo era servidor de Dios, pero no fue capaz de reconocer en aquel hombre que estaba herido en el camino a otro «hijo muy amado de Dios».

El levita era un hombre lleno de conocimientos. Sabía lo que decía la Ley y los profetas. Sin embargo, se olvidó de lo que decía el profeta Oseas 6, 6: «Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos».

Fue justo el que no era cercano, el que podría ser considerado un enemigo según las ideologías del pueblo quien se comportó como un cercano: El samaritano.

Este hombre hizo todo el bien que podía hacer. 

Vio al herido y al mirarlo se dio cuenta que una persona como él, un ser humano igual a él, estaba sufriendo y podía morir en cualquier momento.

Al contemplarlo ensangrentado se apiadó. En su corazón sintió compasión y se le acercó. Cuando se acercó rompió el muro de la indiferencia y obró con misericordia. Lo curó vendando sus heridas. Pero no lo abandonó a su suerte, le dio seguimiento y lo trasladó en su propia cabalgadura a un lugar seguro donde pagó para que lo cuidaran.

Eso es ser misericordiosos, queridos jóvenes: Mirar con piedad. Conmoverse ante el dolor ajeno. Acercarnos con compasión a quien está sufriendo. Curar las heridas y llevar a un lugar seguro.

 

«Ve y procede de la misma manera»


Este evangelio es muy claro: ¡Estamos llamados a actuar con misericordia! Pero ¿cómo lo hacemos hoy? Deteniéndonos a observar las necesidades de los otros y actuando según nuestras posibilidades.

¿Podremos ayudar a todo el mundo? ¡Quizás no, pero siempre podremos hacer algo! La misma parábola lo enseña, el samaritano no pudo quedarse cuidándolo más allá de la primera noche, porque tenía otros compromisos, pero hizo todo el bien que pudo hacer y pagó para que otro lo cuidase hasta que él volviera.


Reflexionando en Torno al Tema

Luego de escuchar estas palabras es necesario evaluar cómo podemos ser esa ayuda en el camino de la vida de aquellos que han sido sorprendidos por alguna situación de dificultad o de violencia. Por tanto, preguntémonos:

¿Soy capaz de ver a Jesús en el otro que está sufriendo alguna situación difícil?

¿Cómo puedo vivir la misericordia en medio de mi situación familiar?

¿Qué haremos como comunidad de Pastoral Juvenil para ayudar a algún necesitado durante este tiempo de Cuaresma?


A Modo de Conclusión

Cuando somos misericordiosos es cuando evidenciamos el amor de Dios que hay en nuestros corazones. Siendo compasivos con aquellos que pasan por un momento de angustia hacemos al Señor presente en nuestras vidas y en la vida de los demás.

Seamos como el Buen Samaritano y practiquemos la justicia en todo momento. Así, cuando veamos a alguien padeciendo una necesidad ya sea corporal o espiritual, le mostremos misericordia, así el Señor que «ve en lo secreto» nos bendecirá.

Hoy les pongo un reto, ¿cómo seremos buenos samaritanos en nuestras comunidades? ¡Escríbeme y pongamos manos a la obra?

Canción para Profundizar la Reflexión

Canto: Tú me dijiste



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Oración Final

Amado Dios, te doy gracias por tu inmenso amor. Te agradezco de todo corazón que tú me muestras tu misericordia y me llenas de tu paz.

En este día quiero pedirte que me ayudes a hacer el bien todos los días y a mostrar tu amor amando con sinceridad a los demás.

Dame siempre un corazón como el tuyo y permíteme siempre ser un instrumento de tu amor.

Amén.

Aviso





Autor: Juan Pablo Jiménez 

 


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