PARROQUIA
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, LICEY AL MEDIO
Comisión
Parroquial de Pastoral Juvenil, Jóvenes Llamas de Esperanza
Valor del mes: La Identidad
Lema del mes: «Conocerán la verdad,
y la verdad los hará libres» (Jn 8, 32)
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| Encendamos el fuego... Juntos |
Objetivo: Transmitir a los jóvenes que integran las comunidades juveniles su identidad de hijos de Dios que caminan unidos a la santidad, en alegría, comunión, solidaridad y servicio.
Preámbulo
Chicos, ¿sabían que por iniciativa suya Dios nos ha hecho hijos suyos, por amor? Ese amor nos otorga nuestra dignidad y nos proporciona identidad. Pero, ese amor tan grande no nos lo ha revelado el Señor para vivirlo en solitario.
Por eso ha encendido en nuestros corazones la llama de la esperanza para que podamos vivir juntos la fe.
Hoy abordaremos esta realidad que nos constituye hijos… «y si somos hijos, somos herederos» (Romanos 8, 17) de todas las bendiciones de Dios. En este día profundizaremos en esta verdad, pero primero, oremos.
Oración inicial
Amado Dios, gracias por tu amor y por el
regalo de esta comunidad juvenil. Gracias por la oportunidad que nos das de
crecer juntos en la fe, de llenarnos de la alegría de seguirte y de servirte.
Fortalece hoy y cada día nuestra identidad
de hijos tuyos. Danos la gracia de vivir conforme a tu voluntad, siendo siempre
misericordiosos como tú, compartiendo tu amor con todos los demás.
Permítenos vivir la alegría de la santidad
comunitaria, siendo solidarios y justos.
Amén
Introducción
La fe no se vive en solitario. No somos piezas sueltas de algo. Somos todos parte del Pueblo de Dios, que es la Iglesia.
En el bautismo recibimos una gracia que nos trasciende: Nos unimos e incorporamos al Cuerpo de Cristo, nuestro redentor, para ser, en medio del mundo, testigos del amor de Dios. Ser jóvenes llamas de esperanza es nuestra identidad.
Preguntas para la reflexión
¿Estoy consciente de que, como Iglesia, «somos todos hijos de un mismo Padre» y por ende debo tratar con amor, respeto y cuidado a todas las personas»?
Como un joven que es llama de esperanza, ¿vivo la gracia de ser bautizado y miembro de la Iglesia en medio de la sociedad?
¿Qué acciones realizo para vivir con alegría mi fe en comunidad?
Viviendo juntos la fe: Caminando en comunión y solidaridad
Jóvenes, tenemos la gracia de ser miembros del Cuerpo de Cristo que peregrina en el mundo; eso es una enorme bendición.
En medio de una sociedad cada vez más fragmentada y dividida nosotros tenemos la enorme dicha de no caminar solos, de tener un objetivo en conjunto. Por ende, tenemos una oportunidad de crear, unidos, un sentimiento común: Vivir juntos la fe.
La primera comunidad cristiana entendió esto muy bien. A nosotros, seguidores de Jesús de hoy, que comemos pizza y comulgamos, vamos al gym y a la universidad y disfrutamos el espectáculo del medio tiempo del Superbowl o una noche de adoración ante el Santísimo, nos toca actualizar esa vivencia comunitaria. Lo haremos a la luz de la palabra.
A la luz de la Palabra: Hechos 2, 42. 46, 47
42 Acudían asiduamente a la enseñanza de
los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones.
46 Acudían al Templo todos los días con
perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban
el alimento con alegría y sencillez de corazón.
47 Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar.
Palabra de Dios
Como ya se ha dicho, «la fe no se vive en solitario», es necesaria la vivencia en comunidad para que esta crezca y sea fructífera. El ejemplo de la primera comunidad cristiana nos ayuda a nosotros, como Iglesia, a lograr este crecimiento.
Esa enseñanza apostólica la vivimos en la Iglesia y con la Iglesia. Esa comunión que sentía la primera comunidad cristiana se vivía en el encuentro de la fe compartida. Esa fracción del pan es la Eucaristía. Donde Cristo nos redime nuevamente y nos hace participes de esa misma redención.
¿Y la vida de oración? Ese es el motor que mueve nuestro encuentro con Dios. Debemos fortalecer nuestra vida de oración. Tanto a nivel personal como en la vida comunitaria.
¿Y la solidaridad?
Así como en la Eucaristía nos alimentamos con el Cuerpo de Cristo y nos unimos más a profundidad con los demás miembros de la Iglesia, a través de la solidaridad hacemos vida esa gracia que hemos recibido en la comunión.
Nuestra fe se sustenta en la búsqueda del bien común. Somos jóvenes llamas de esperanza cuando vemos en el necesitado a un hijo muy amado de Dios que necesita nuestro amparo. Que, como yo necesita qué comer.
Que al igual que yo necesita vestirse. Ese que no tiene un techo, también es mi hermano. También Dios lo ama, también Cristo murió por él. Por eso, nosotros, debemos ser los ojos de la Iglesia que contempla al que sufre y al mismo tiempo las manos de la Iglesia que se extiende para darle el pan, para calmar su sed, para darle un abrazo.
¡Esa es nuestra misión, jóvenes! Ser Iglesia que comparte su fe y comulga y ser Iglesia que comparte el pan y el consuelo.
Actividad práctica
El mural de la sinodalidad solidaria
·
Se
hará un mural con el título de la actividad
·
Se
harán corazoncitos (o stickers) donde los jóvenes colocarán frases o acciones
solidarias.
·
Todos
los jóvenes elegirán a otro compañero y de dos en dos se pondrán de acuerdo qué
obra de misericordia realizarán para hacer presente a Jesús en la comunidad.
· Luego de colocar la frase dirán en público en qué fecha harán esa obra de misericordia.
Recapitulemos
Nuestra identidad como hijos muy amados de Dios debe ser nuestro principal impulso para vivir, desde nuestra realidad, la invitación a la santidad que nos hace Jesús. Siendo reflejo de la gracia bautismal transmitiendo alegría a los demás, especialmente a los más necesitados.
Oración final
Amado Padre Celestial, venimos ante ti,
caminando juntos como hermanos, compartiendo el pan eucarístico en el que se ha
quedado tu Hijo muy amado, nuestro Señor, para que tu Santo Espíritu nos de la santidad,
la alegría y la esperanza.
Danos hoy un corazón alegre y solidario. Haznos
hoy testigos de tu amor y tu gracia, signos de fe, esperanza, amor y caridad.
Amén
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