PARROQUIA
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, LICEY AL MEDIO
Comisión
Parroquial de Pastoral Juvenil, Jóvenes Llamas de Esperanza
Valor
del mes: Alegría Pascual
Lema
del mes: «No está aquí, pues ha resucitado» (Mt 28, 6)
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| La luz de Cristo resucitado nos ilumina en el encuentro con él |
Objetivo: Recorrer junto a los jóvenes de las comunidades de Pastoral Juvenil el «Vialucis con el resucitado» para mantener la alegría renovada en el camino hacia la santidad.
Preámbulo:
¡Con su resurrección, Jesucristo, Nuestro Señor, nos invita a renovar nuestras alegrías! Su gran amor ha vencido la muerte y por esa gran victoria necesitamos recorrer, todos juntos, como hermanos en la fe, esa gran alegría que él nos regala.
Hoy meditaremos en la alegría de la Resurrección, atestiguando, junto a los primeros testigos, de cómo nuestro Señor y Salvador nos renueva la alegría nos conduce a la santidad.
Nota: La propuesta es que los jóvenes realicen el vialucis, ya sea al interior del templo o salgan a la calle y realicen las estaciones.
Oremos juntos
Señor, mío, Jesucristo, tú que has vencido a la muerte para llenarnos de esperanza, camina hoy con nosotros y llena nuestros corazones con la alegría de tu resurrección.
Amén
Nota: Cada estación acompañarla con un canto de
resurrección
Primera Estación: EL SEPULCRO VACÍO (Juan 20, 1-10)
R./ Nos alegramos en tu presencia, Cristo, y te adoramos, pues con tu Resurrección has renovado nuestra esperanza.
Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1-10
El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro.
Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: "Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto."
Salieron
Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro.
Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
Se
inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró.
Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Los discípulos, entonces, volvieron a casa.
Palabra del Señor
Reflexión
Veamos la fe de María Magdalena. Sabe que camina en la oscuridad de la madrugada para buscar el consuelo visitando el sepulcro de su maestro. ¿Nosotros acudimos a Dios cuando ya no sabemos qué más hacer?
No lo encuentra. Va a su comunidad, a donde Pedro y Juan (el discípulo amado). Nosotros, ¿sabemos buscar ayuda donde quienes sí podrían darnos una luz, o nos dejamos guiar por voces que no nos edifican?
Juan, al llegar, «vio y creyó…» ¿Somos capaces de abrir los ojos del corazón cuando, aunque no tengamos las respuestas, Dios nos muestra una esperanza?
Padre Nuestro y Ave María
R./ Llevemos con alegría
la luz de la Resurrección, signo de la esperanza que nos da nuestro Salvador.
Segunda Estación: JESÚS RESUCITADO SE ENCUENTRA CON MARIA MAGDALENA (Juan 20, 11-18)
R./ Nos alegramos en tu presencia, Cristo, y te adoramos, pues con tu Resurrección has renovado nuestra esperanza.
Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 11-18
Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies.
Le dicen ellos: "Mujer, ¿por qué lloras?" Ella les respondió: "Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto."
Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?" Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré."
Jesús le dice: "María." Ella se vuelve y le dice en hebreo: "Rabbuní" - que quiere decir: "Maestro" -.
Le dice Jesús: "No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios."
Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.
Palabra del Señor
Reflexión
En nuestras tristezas más profundas y sobrecogedoras, Jesús mismo sale a nuestro encuentro y nos consuela.
Eso lo experimentó María a las afueras del sepulcro, ¿dónde nos podemos encontrar nosotros con esa misericordia del Señor? En la oración.
Acercarnos al Señor en nuestra angustia, con fe y esperanza puede ser la clave para encontrarle el sentido a nuestra existencia.
Padre Nuestro y Ave María
R./ Llevemos con alegría la luz de la Resurrección, signo de la esperanza que nos da nuestro Salvador.
Tercera Estación: LOS PEREGRINOS DE EMAÚS RECONOCEN A JESÚS RESUCITADO AL PARTIR EL PAN (Lucas 24, 28-35)
R./ Nos alegramos en tu presencia, Cristo, y te adoramos, pues con tu Resurrección has renovado nuestra esperanza.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 28-35
Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: "Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado." Y entró a quedarse con ellos.
Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.
Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero
él desapareció de su lado.
Se dijeron uno a otro: "¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?"
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: "¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!"
Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.
Palabra del Señor
Reflexión
Jesús, resucitado, peregrina a nuestro lado en el sendero de la vida. Nos
acompaña en el caminar y se queda con nosotros, para compartir nuestras penas y
alegrías, y, al quedarse, parte, comparte y reparte para nosotros su pan y llenarnos
de esperanza.
¿Reconoces tú a Jesús Resucitado en el pan eucarístico? ¿Te llenas de la
gracia del amor misericordioso de Dios que se hace presente en la Eucaristía?
Padre Nuestro y Ave María
R./ Llevemos con alegría
la luz de la Resurrección, signo de la esperanza que nos da nuestro Salvador.
Cuarta Estación: JESÚS RESUCITADO ENVÍA EL ESPÍRITU SANTO A SUS DISCIPULOS (Juan 20,19-23).
R./ Nos alegramos en tu presencia, Cristo, y te adoramos, pues con tu Resurrección has renovado nuestra esperanza.
Lectura del santo evangelio según san Juan 20,19-23
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes».
Al
decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».
Palabra del Señor
Reflexión
La comunidad apostólica se encuentra cara a cara con Cristo resucitado. En su infinito amor le da la paz y les deposita la gracia de ser ministros del perdón.
En su angustia y temor, Jesús se coloca en medio de ellos y le da la paz… ¿Y nosotros, somos capaces de abrir el corazón a la paz que nos regala?
En ese momento, Jesús también les otorga la gracia del Espíritu Santo —Señor y dador de vida—. Esa gracia nos la comunica Dios día a día, en nuestra oración.
Esa presencia de lo alto que da paz y perdona es lo que nos sostiene en el camino y nos ayuda a vivir en santidad.
Padre Nuestro y Ave María
R./ Llevemos con alegría
la luz de la Resurrección, signo de la esperanza que nos da nuestro Salvador.
Quinta Estación: JESÚS RESUCITADO SE ENCUENTRA CON TOMAS (Juan 20, 24-29)
R./ Nos alegramos en tu presencia, Cristo, y te adoramos, pues con tu Resurrección has renovado nuestra esperanza.
Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 24-29
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor.”
Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré."
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: "La paz con vosotros."
Luego dice a Tomás: "Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente."
Tomás le contestó: "Señor mío y Dios mío."
Le dice Jesús: "Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído."
Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro.
Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.
Palabra del Señor
Reflexión
Jesús resucitado se reúne nuevamente con sus discípulos.
En este momento, Tomás si se encontraba junto a ellos.
A veces, juzgamos a Tomás de incrédulo, por no confiar en el testimonio de sus hermano, pero ¿cuántas veces lo hemos sido nosotros por no permitir a Dios manifestarse en nuestras vidas? ¿Cuántas veces, sabiendo lo bondadoso que es el Señor, no confiamos?
Es tiempo de abrir los ojos del corazón y proclamar confiados: «Señor mío y Dios mío» para sentir la dicha de creer por amor y convicción y no simplemente por lo que podamos sentir en el momento.
Padre Nuestro y Ave María
R./ Llevemos con alegría
la luz de la Resurrección, signo de la esperanza que nos da nuestro Salvador.
Sexta Estación: LA CONVERSACIÓN DE JESÚS RESUCITADO Y PEDRO EN EL MAR DE TIBERIADES (Juan 21, 1-23)
R./ Nos alegramos en tu presencia, Cristo, y te adoramos, pues con tu Resurrección has renovado nuestra esperanza.
Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 1-23
Después de esto,
se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades.
Se manifestó de esta manera.
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Nathanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
Simón Pedro les dice: «Voy a pescar.» Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo.» Fueron y subieron a
la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Les dice Jesús: "Muchachos, ¿no tenéis pescado?"
Le contestaron: "No."
Él les dijo: "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis." La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.
El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro:
"Es el Señor", se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanzó
al mar.
Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un
pez sobre ellas y pan.
Les dice Jesús: "Traed algunos de los peces que
acabáis de pescar."
Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces
grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice: "Venid y comed." Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor.
Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual
modo el pez.
Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los
discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro:
"Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?" Le dice él: "Sí, Señor,
tú sabes que te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis
corderos."
Vuelve a decirle por segunda vez: "Simón de Juan,
¿me amas?" Le dice él: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Le
dice Jesús: "Apacienta mis ovejas."
Le dice por tercera vez: "Simón de Juan, ¿me
quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez:
"¿Me quieres?" y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que
te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas.
"En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú
mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás
tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras."
Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a
glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»
Pedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: "Señor, ¿quién es el que te va a entregar?"
Viéndole Pedro, dice a Jesús: "Señor, y éste,
¿qué?"
Jesús le respondió: "Si quiero que se quede hasta
que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme."
Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: " No morirá", sino: "Si quiero que se quede hasta que yo venga."
Palabra del Señor
Reflexión
Luego de negarlo, Pedro se ve interpelado por Jesús para confirmar su amor. Jesús lo confronta, desde la firmeza que busca certeza y la misericordia de quien siente compasión.
Así actúa también con nosotros. Somos pecadores todos, por eso debemos arrepentirnos. Todos necesitamos misericordia, por eso, el mismo Jesús viene a nuestro encuentro.
Lo hace para que interioricemos cuánto hemos fallado y para que proclamemos qué tan grande es nuestro amor y nos comprometamos al servicio.
Padre Nuestro y Ave María
R./ Llevemos con alegría
la luz de la Resurrección, signo de la esperanza que nos da nuestro Salvador.
Séptima Estación: JESÚS RESUCITADO ENVÍA A SUS APÓSTOLES A EVANGELIZAR (Mateo 28, 16-20)
R./ Nos alegramos en tu presencia, Cristo, y te adoramos, pues con tu Resurrección has renovado nuestra esperanza.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20
Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo".
Palabra del Señor
Reflexión
Cristo resucitado nos envía a nosotros, sus seguidores, a anunciar su amor. Su invitación a proclamar su amor, su esperanza y la alegría es una exhortación que se vive cada día y a la que, por su gran misericordia, todos estamos llamados.
¿Estás dispuesto a seguir a Jesús? Enciende hoy el fuego de su amor en tu vida.
Padre Nuestro y Ave María
R./ Llevemos con alegría la luz de la Resurrección, signo de la esperanza que nos da nuestro Salvador.
Actividad de reflexión
Actividad de reflexión
Hagamos ahora silencio interior y exterior frente a Jesús resucitado, luz del mundo, y confrontemos nuestra realidad.
Luego, con los ojos cerrados, buscaremos en lo más profundo de nuestro corazón qué sentimos al vivir esta experiencia; un sentimiento que no es ante los ojos humanos, sino ante la luz de Cristo que se sacrificó por nosotros y que renueva el mundo. Al abrir los ojos, nos dispondremos en círculo alrededor del cirio pascual para representar que Él es el alfa y omega, el centro de nuestra vida. Cada uno se acercará al centro, mirará fijamente el cirio que representa a Jesús y expresará en voz alta su sentir para luego colocar su vela formando una gran cruz de luz mientras la contemplamos.
Amado Jesús, tú que nos has iluminado el camino de la vida con la luz de tu resurrección, enciende en nuestros corazones el fuego de tu esperanza.
Danos la gracia de caminar en sinodalidad el camino que
conduce a la santidad y permite que nuestras vidas sean un signo y una
manifestación de tu amor en medio del mundo.
Amén
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